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México: un país de desapariciones ante el mundo. Edomex el epicentro oculto.



Pocas veces un informe internacional me ha golpeado con la contundencia del documento que el Comité de la ONU contra las Desapariciones Forzadas (CED) acaba de publicar sobre México. No es retórica diplomática. Es un veredicto.

133 mil 215 personas desaparecidas o no localizadas. Ese es el número que el Registro Nacional de Personas Desaparecidas de México acumula desde 1962, cifra que la propia ONU reconoce públicamente y que, advierte, podría estar subestimada porque miles de casos nunca se denuncian. Para ponerlo en perspectiva: es más gente que toda la población de ciudades como Andorra o San Marino. Una nación entera de ausentes.

Lo que la ONU dice y lo que Europa escucha.

El CED no usa palabras menores. Sus expertos concluyen que existen “indicios bien fundados” de que las desapariciones forzadas en México se han cometido y siguen cometiendo de forma sistemática, lo que las coloca en la categoría de crimen de lesa humanidad. Como consecuencia, el Comité invocó el artículo 34 de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas y solicitó al secretario general de la ONU llevar el caso de México directamente a la Asamblea General. Es una medida excepcional. Una medida de última instancia.

En Europa, la respuesta editorial ha sido contundente. Medios como El País, France 24, la BBC y publicaciones especializadas en derechos humanos de Alemania han cubierto el informe con un denominador común: México ya no puede presentarse ante la comunidad internacional como un país con problemas de seguridad manejables. Es, en palabras de organizaciones alemanas como SIPAZ, “un país de desaparecidos”.

El País, que ha dado el mayor relevo político-editorial al informe, recuerda que el gobierno mexicano rechazó el documento calificándolo de “parcial y sesgado” por omitir supuestos avances institucionales desde 2018. Pero frente a 133 mil expedientes abiertos, el argumento diplomático se cae solo. La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), con sede en París, calificó la decisión del CED como “histórica” y pidió a la Unión Europea presionar a México para exigir investigaciones y reparaciones reales.

Los números que acusan

Los datos del informe y su cobertura europea pintan un cuadro devastador:

- 98% de impunidad: casi la totalidad de los casos de desaparición en México no terminan en condena alguna. El sistema judicial no funciona frente a este delito.

- Más de 4 mil 500 fosas clandestinas encontradas en el país, con decenas de millas de restos sin identificar.

- 5 estados concentran entre el 44% y el 48% de todos los desaparecidos del país: Jalisco, Estado de México, Tamaulipas, Veracruz y Nuevo León.

- La ONU señala responsabilidad no solo del crimen organizado, sino complicidad, participación y negligencia de las autoridades del Estado mexicano.


El Estado de México: el epicentro oculto.

Uno de los datos que menos se discute en la agenda nacional, pero que los organismos internacionales tienen muy presente, es que el Estado de México ha desplazado a Jalisco como la entidad con mayor número de personas desaparecidas en el país, acumulando cerca de 14 mil 700 registros. No es casualidad. Es el estado más poblado de México, colinda con la capital y concentra circuitos criminales de secuestro, trata de personas, extorsión y reclutamiento forzado.

Sus municipios más golpeados son un mapa de la desigualdad metropolitana:

Ecatepec de Morelos encabeza la lista. El municipio más poblado del estado —con más de 1.6 millones de habitantes— registra una cifra altísima de desapariciones, producto de redes criminales activas, policías locales desbordadas y una fiscalía que no da abasto. Le siguen Nezahualcóyotl y Tlalnepantla de Baz, ambos en la zona conurbada con la Ciudad de México, con millas de expedientes acumulados, muchos de ellos de jóvenes varones y mujeres en contextos de violencia y vulnerabilidad.

Toluca, la capital estatal, registra desapariciones de estudiantes, trabajadores migrantes y personas en situación de calle que transitan por su perímetro. Y en el oriente del estado, Chalco, Valle de Chalco Solidaridad, Ixtapaluca y Chimalhuacán concentran casos ligados a trata de personas y reclutamiento criminal en zonas de alta marginación. Completan el mapa de la tragedia: Tultitlán, Tecámac, Cuautitlán y Naucalpan.

Un denominador común atraviesa todos estos municipios: instituciones de seguridad desbordadas, fiscalías lentas, falta de coordinación forense y una alerta de violencia de género estatal activa que refleja que una parte significativa de las desaparecidas son mujeres y niñas víctimas de trata y violencia familiar.


Lo que Europa exige, lo que México ignora.

La cobertura europea no es solo informativa. Tiene un tono de exigencia que crece. Medios académicos y organizaciones de memoria histórica en Alemania plantean abiertamente que la decisión del CED “obliga a Europa a revisar su cooperación con México en materia de seguridad y justicia”. No es una frase menor viniendo de socios comerciales y políticos del gobierno mexicano.

El informe de la ONU también llama a fortalecer los sistemas de búsqueda, la identificación forense, la protección a familias de víctimas y defensores de derechos humanos. Todo eso requiere voluntad política y recursos. Y hasta ahora, México ha respondido con comunicados de rechazo, no con resultados.


El veredicto del periodismo internacional

México la cruzó la línea hace tiempo y ya no puede regresar. Lo nuevo es que ahora el mundo lo dice en voz alta, desde Ginebra hasta Berlín, desde París hasta Londres.

133 mil personas no son una estadística. Son 133 mil familias que buscan, que preguntan, que no duermen. Son madres con fotografías en las manos recorriendo fosas. Son fiscales que archivan expedientes. Son presidentes que firman convenios internacionales mientras sus registros de desaparecidos siguen creciendo.

La Asamblea General de la ONU tiene ahora el caso de México sobre la mesa. La pregunta no es si el mundo mirará. Ya lo estás haciendo. La pregunta es si México, finalmente, decidirá verso a sí mismo.


Las opiniones expresadas esta nota periodística e informativa, se basan en fuentes oficiales de la ONU, informes del CED, cobertura de El País, BBC News Mundo, France 24 y organizaciones internacionales de derechos humanos.

Avelino Blanco Guido asume la Cobupem: un nuevo comisionado pero ¿podrá con la crisis de personas desaparecidas?


Después de casi dos años sin titular, el Estado de México hace unos días designó a la persona al frente de su Comisión de Búsqueda de Personas. La gobernadora Delfina Gómez Álvarez designó a Avelino Blanco Guido como titular de la Cobupem, tras un proceso de selección organizado por la Consejería Jurídica de la administración estatal. 

El nombramiento llegó en medio de la creciente ola de cuerpos encontrados por madres buscadoras en el Estado. La Cobupem había permanecido más de un año sin titular desde la salida de Sol Salgado Ambros en junio de 2024. Durante ese período, la institución operó con una encargada de despacho, Patricia Bernal Oceguera, lo que generó críticas por parte de colectivos de familiares que señalaron falta de avances en los casos. 

¿Quién es Blanco Guido?

El nuevo comisionado cuenta con experiencia en derechos humanos, análisis de contexto y antropología forense, además de una trayectoria en la búsqueda de personas desde el servicio público. Se ha designado como representante de la Consejería Jurídica del Estado de México y suplente de su titular, Jesús George Zamora. Laboraba dentro de esa misma Consejería y tenía contacto frecuente con los colectivos de madres buscadoras que despliegaban brigadas en la búsqueda de sus seres queridos. Su designación no estuvo exenta de cuestionamientos: el colectivo “Lirios Buscadores Izcalli” impugnó su desempeño previo dentro de la propia Comisión. 

El proceso de selección incluyó una convocatoria pública en febrero, comparaciones de seis aspirantes el 12 de marzo transmitidas en vivo, y la participación de la sociedad civil, la academia y las autoridades de procuración de justicia. Su perfil fue respaldado por cuatro colectivos, seis personas expertas y una organización de la sociedad civil. 


El contexto: una crisis que no se detiene

El nuevo comisionado asume en medio de una emergencia humanitaria documentada. De acuerdo con datos de la Fiscalía estatal, la entidad acumula 15 mil 769 personas sin localizar, de las cuales apenas el 5% están vinculadas a delitos. Durante 2025 se iniciaron 5 mil 661 reportes de personas desaparecidas en el Estado de México; al corte de enero de 2026, mil 824 de esos casos continuaban vigentes, colocando a la entidad entre las de mayor incidencia a nivel nacional. 



Durante los más de 21 meses que la Cobupem estuvo sin titular —del 15 de junio de 2024 al 30 de marzo de 2026— un total de 60 mil 568 personas fueron reportadas como desaparecidas en todo el país, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. 

En el Estado de México operan colectivos como Uniendo Esperanzas, Lirios Buscadores Izcalli, Mariposas Buscando Corazones y Justicia, Colectiva Feminista Ehécatl y Buscándote con Amor, entre otros. A nivel nacional se estima que existen alrededor de 200 colectivos de búsqueda de personas desaparecidas en México, según Amnistía Internacional. Siete municipios mexiquenses —Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec, Ixtapaluca, Naucalpan, Toluca y Valle de Chalco— cuentan con Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres por Desaparición. 

Los retos sobre la mesa

Los principales obstáculos que enfrentará Blanco Guido son bien conocidos por quienes llevan años buscando: diversos colectivos han insistido en que el principal reto será traducir el perfil técnico en resultados tangibles, como la localización de personas, el fortalecimiento de las búsquedas en campo y una mayor coordinación con fiscales. A ello se suman la falta de transparencia en los registros —colectivos han denunciado una “rasura” de cifras oficiales que genera serias dudas sobre la confiabilidad del Registro Nacional—, la violencia contra las propias buscadoras —desde 2010 se han registrado al menos 43 casos de personas buscadoras asesinadas o desaparecidas en el país— y la desconfianza institucional acumulada durante casi dos años de acefalia.

El desempeño de la nueva titularidad será observado de cerca por familiares de víctimas y organizaciones civiles, en un escenario donde la confianza institucional sigue siendo un desafío pendiente. Las madres buscadoras del Estado de México ya tienen experiencia en esperar. Ahora es cuando deben de dar resultados.