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El primero de enero de 2026, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos le subió el sueldo a ocho millones de trabajadores. De 278 a 315 pesos al día. Un 13% de aumento. En el comunicado oficial lo llamaron “recuperación histórica del poder adquisitivo”. En las tortillerías de Ecatepec, nadie lo notó.
Eso no es una opinión. Es lo que dice el INEGI.
Una familia de cuatro personas en la zona urbana necesita cerca de 20.000 pesos al mes para no caer en la pobreza por ingresos. El salario mínimo es de 9.582. La brecha no es un descubierto de política pública: es el doble. Y se agranda cuando metes la calculadora en los gastos reales que ninguna canasta oficial incluye: la renta, el camión, el gas, la luz, la farmacia del domingo cuando el niño se enferma.
La Profeco tiene su propia canasta de 24 productos que cuesta, en promedio, 860 pesos a la semana para cuatro personas. Suena manejable. El problema es que esa canasta no tiene dirección postal. No paga el cuarto de 3,500 pesos en Naucalpan. No cubre los 40 pesos diarios de transporte para llegar al trabajo durante 26 días. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes midió algo distinto: 44 productos, más cercanos a lo que una persona realmente consume. En marzo de 2026 esa canasta llegó a 2,085 pesos al mes por persona. Multiplica por cuatro. Divide entre el salario mínimo. No cierra.
Entre marzo de 2025 y 2026, los cinco productos básicos que rastreamos en el Estado de México subieron en promedio 2.8%. El huevo bajó — uno de los pocos alivios reales. El aceite subió 5,7%. El frijol, 4,7%. La tortilla llegó a 22 pesos el kilo en zonas del valle de Toluca. Nada catastrófico en términos de porcentaje. Catastrófico en términos de quién lo absorbe.
Porque el 13% de aumento salarial no llegó parejo. Le llegó al trabajador formal registrado en el IMSS. No al que vende en el tianguis, ni al que cuida niños por horas, ni al albañil que cobra por día. Según datos del INEGI, el salario promedio mensual en México es 7,674 pesos, por debajo del mínimo oficial. Eso dice todo sobre quién realmente gana el mínimo legal y quién gana menos.
Distopia económica en el Edomex.
El gobierno tiene una meta: que para 2030 el salario alcance 2,5 veces la canasta básica. Hoy alcanza dos canastas alimentarias. Pero si sumas vivienda, transporte y servicios, apenas cubre una. La distancia entre el discurso y el mercado no es ideológica: es aritmética.
Nadie está diciendo que los aumentos no sirven. Sirven. El problema es que parten de un piso tan bajo que celebrar el incremento sin señalar la brecha es como aplaudir que el agua llegó a la rodilla cuando la gente lleva años ahogándose hasta el cuello.
La pregunta que el comunicado oficial no respondió es la misma que se hace cualquier trabajador del Estado de México al final de quincena: ¿Por qué, si el salario subió más que la inflación, sigue sin alcanzar?



