Mientras cientos de trabajadores en Lerma, Fugra y Bocar preparan huelga por una ganancia que ya existe pero sus líderes se niegan a repartir, Carlos Gamboa—delegado sindical de COREMEX—estrenó una camioneta de 500 mil pesos. La contradicción es brutal.
Las denuncias no vienen de rumores: trabajadores que conviven con esta dirigencia aseguran que existe un círculo cerrado donde Gamboa, Eloy Espinosa y Miguel Meneses (líder del sindicato) distribuyen beneficios entre familiares y allegados, mientras la base recibe explicaciones vagas. Algunos parientes operan como prestanombres, cobrando sin justificación visible.
El patrón ya se repite en otros estados. Zacatecas y Morelos documentaron durante años estos mismos manejos. Aquí, en el Edomex, es casi idéntico: recursos del sindicato destinados a acuerdos con empresas que terminan en bolsillos selectos, no en los salarios de quienes generan esos acuerdos.
Lo más grave no es el dinero desaparecido. Es que hablar cuesta. Los trabajadores que denuncian enfrentan silencio dentro del sindicato, silenciosa presión, miedo. Por eso la acumulación de testimonios es tan significativa: alguien rompió el hielo.
Trabajadores ya solicitaron a las autoridades federales investigar el enriquecimiento sospechoso. Las huelgas están a punto de explotar. El sistema que protege esta operación empieza a colapsar desde adentro.




%20(1).jpg)




