Estado de México | Infancias | Pobreza
El Estado de México tiene 3 millones de niños, más de la mitad vive en pobreza. Y existe una brecha enorme entre lo que dicen los datos oficiales y lo que ven las organizaciones en el terreno.
El 70% de los niños de la calle ha vivido algún tipo de violencia. La mayoría comienza a trabajar desde edades muy tempranas en actividades informales.
El CONEVAL, con datos de la ENIGH 2022, reporta que el 56% de los menores de 18 años en el Edomex vive en pobreza: 2.6 millones de personas. De ese total, 375 mil se encuentran en pobreza extrema. Además, 3 millones 595 mil niños de entre 3 y 15 años fueron identificados en la entidad, de los cuales más de 2 millones están en condición de pobreza y 851 mil tienen carencia alimentaria. El problema: estas encuestas llegan a hogares registrados. Los niños que no tienen dirección fija, sencillamente no existen para la estadística.
El Estado de México inicia 2025 con el 52.9% de su población por debajo de la línea de pobreza por ingresos, por encima de la media nacional de 43.5%, según el Consejo de Investigación y Evaluación de la Política Social (CIEPS). En paralelo, el Early Institute advierte en su informe 2025 que aunque la pobreza por ingresos bajó en México, el número promedio de carencias por niño aumentó un 10%, y 8% más menores acumulan tres o más carencias simultáneas.
La cifra que más preocupa a especialistas no es la pobreza monetaria, sino el acceso a salud: entre 2018 y 2024, la carencia en servicios sanitarios para la primera infancia aumentó 115% a nivel nacional. Esto significa que familias con más ingresos que antes no pueden llevar a sus hijos al médico. El 48% de la niñez mexiquense carece de acceso a servicios de salud, el 60% no tiene seguridad social y el 9.4% presenta rezago educativo.
La brecha entre los datos oficiales y la realidad documentada por las organizaciones civiles revela un problema estructural: mientras el gobierno mide pobreza desde los hogares, decenas de miles de menores quedan fuera del conteo por vivir en asentamientos sin registro, ser hijos de migrantes internos o pertenecer a comunidades indígenas que el Estado alcanza con dificultad. Visibilizarlos es el primer paso para atenderlos.



